Burócratas federales están poniendo los toques finales a un nuevo programa de inmigración que el gobierno espera tener en funcionamiento justo antes de las próximas elecciones. El programa es llamado "Canada Experience Class" y ha sido diseñado para aliviar la aguda escasez de trabajadores en el sector petrolero.
Si el programa se presenta honestamente como una modesta iniciativa para mantener trabajadores temporales y estudiantes extranjeros educados en Canadá-, merece entonces darse por bienvenido. Si el programa es comercializado como una manera de arreglar el desigual y obstruido sistema de inmigración- como muchos grupos que trabajan en ese campo temen-, ellogenera solamente excepticismo. De cualquier manera, habrá perdedores ytambién ganadores. La iniciativa, anunciada por primeramente por el Ministro de Finanzas Jim Flaherty en su presupuesto de 2007, tenía dos propósitos: El primero es rectificar un problema político y práctico.
Canadá tiene miles de "trabajadores extranjeros temporales". Fueron traidos a Canadá para manejar camiones, trabajar en plataformas petroleras, construir casas, servir café en Tim Hortons y programar computadores. Pero ellos no se pueden quedar. Sus frustrados empleadores, deben constantemente divisar maneras de renovar sus permisos de trabajo y otros creen que cualquiera que es bueno trabajando aquí es bueno para vivir aquí. La idea general es capitalizar un recurso de talento que está listo. Hay aproximadamente 83.000 estudiantes extranjeros en los colegios y universidades. Muchos de ellos podrían convertirse en residentes permanentes y a muchos empleadores les gustaría contratarlos. Pero ellos deben regresar a sus paises de origen cuando se graduen.
Bajo el nuevo programa, tanto los trabajadores temporales como los estudiantes extranjeros podrían aplicar para un estatus de residentes permanentes sin tener que dejar el país . Los aspectos destacados de esta iniciativa preelectoral son obvios. Esto incrementaría la reserva de trabajadores calificados disponibles para empleo. Haría las instituciones de post secundaria canadienses más atractivas para los estudiantes extranjeros. Permitiría a los empleadores beneficiarse del entrenamiento dado a los estudiantes extranjeros y del conocimiento que los trabajadores han adquirido aquí. Y creará una corriente de inmigrantes listos para el trabajo, familiar a los estándares y hábitos de trabajo canadiense. Y borraría un recurso de tensión en el sistema de inmigración.
Pero existen también incovenientes. Posiblemente menos visibles que los beneficios, pero no menos importantes.El primero es que el gobierno no está dando al departamento de inmigración dinero fresco para implementar el programa. Ha destinado $33.6 millones al Canadian Border Services para asegurar que aquellos que entren a la corriente de nueva inmigración tengan documentos válidos y cumplan los requerimientos de seguridad y salud en Canadá. Pero no habrá un solo dólar extra para contratar funcionarios de inmigración que procesen esas aplicaciones. Una segunda preocupación es que el gobierno no está elevando el nivel general de inmigración. El flujo que dispararía el nuevo programa -estimado en 20.000 personas al año- dará tratamiento prioritario a la cuota existente de 265.000 este año. Esto quiere decir que las 850.000 en lista de espera, muchos de los cuales han estado en la fila por cinco o seis años, tendrán que esperar inclusive más. El tercer problema es que muchos trabajadores calificados con experiencia canadiense -techadores, pegadores de ladrillo, plomeros, electricístas, maquinístas, operadores de gruas y técnicos médicos- no se quedarán. Para calificar, un individuo debe tener un diploma de secundaria y pasar un exámen demostrando su habilidad para hablar, leer y escribir Inglés o Francés. La regla pues, deja por fuera algunos de los mejores individuos calificados.Una preocupación final -aunque es hipotética- es que el Primer Ministro Stephen Harper sobrevenderá la iniciativa. Phil Mooney, presidente del Canadian Association of
Professional Immigration Consultants, expresa al respecto.
"Ellos venderán la iniciativa como una respuesta para todos los problemas de inmigración de Canadá, cuando realmente es un programa muy restrictivo."Creando una corriente privilegiada de aplicantes no reducirá el atraso, no acortará las esperas en Bei-jing o New Delhi y no producirá prontamente suficientes trabajadores para cubrir las necesidades de Canadá. Parece bueno que Ottawa se aleje del reclutamiento de trabajadores invitados. Pero se trata de una oportuna corrección del curso, y no la revisión que el sistema tanto necesita.
Por Carol Goar





















